last edited: Wed, 11 Dec 2019 13:15:10 +0200  
Uno es hijo de sus contradicciones. Por ejemplo, tengo que confesar una que nunca he logrado resolver del todo. Y es que, a pesar de la enorme masa de espacio y tiempo que he dedicado a leer libros en solitario, lo que me gusta de verdad es la lectura expresiva, en voz alta, en corro. De hecho, soy un lector lento en comparación con los que aprendieron con técnicas más modernas de lectura silenciosa y veloz. La mayor parte de las veces hago una lectura subpalatal, es decir, pronunciando aunque sea en un nivel inaudible para los demás.
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No hay que olvidar nunca las lecciones de la lengua
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  last edited: Mon, 28 Oct 2019 12:24:29 +0200  
En un artículo de Ignacio Morgado, publicado en Sin Permiso, se plantea un tema interesante: las emociones toman el mando de nuestro cerebro cuando nos vemos envueltos en situaciones extraordinarias. Eso quiere decir que el equilibrio habitual entre instintos, emociones y razón se rompe, se produce una desconexión entre uno y otro. Morgado pone el siguiente caso como punto de partida. Aunque es un poco extenso, no me resisto a transcribirlo. Se trata de un un accidente que tuvo lugar en Nueva Inglaterra (EE UU) en 1848. Phineas Gage, un joven de 25 años, era el capataz de una brigada de obreros que construían una nueva línea de ferrocarril.

De carácter serio y responsable, Phineas organizaba los trabajos y la convivencia entre sus compañeros, procurando que la obra progresase y que las cosas fuesen bien en todo momento. El 13 de septiembre, cuando él y otros compañeros perforaban una roca, se produjo una deflagración accidental. La barra de hierro con la que compactaban la pólvora introducida en una perforación salió disparada como una lanza alcanzando de lleno el rostro de Phineas. Le entró por su mejilla izquierda y le salió por la parte frontal de su cabeza destruyendo a su paso las neuronas de su corteza orbitofrontal, principal comunicación entre estructuras emocionales del cerebro, como la amígdala, y estructuras racionales, como la corteza prefrontal. La desconexión emoción-razón estaba pues servida. ¿Qué fue de Phineas?

Sus heridas sangraban y quedó conmocionado y confuso, pero no llegó a perder el conocimiento. Inmediatamente sus compañeros le atendieron y le llevaron al pueblo cercano donde el médico local poco más pudo hacer que limpiarle y vendarle esas heridas. Tendido en su cama, en los días que siguieron mostró algunas convulsiones y sollozos, gestos y expresiones verbales incoherentes. No murió. Poco a poco fue recuperándose, pero, sorprendentemente, su personalidad y su conducta quedaron profundamente alteradas para el resto de su vida. Cuando por fin pudo erguirse y salir nuevamente a la calle, su comportamiento era irreflexivo, nervioso e irresponsable. Gritaba y gesticulaba con frecuencia sin atender a razones. Exigía las cosas a gritos y expresaba con intensidad desmesurada cualquiera de sus emociones. Era grosero, maleducado y difícil de soportar. Su conducta irracional ya no conectaba con la de sus compañeros de trabajo y parecía sentirse mejor en compañía de los animales que de otras personas.

Tras advertirnos el autor de que esta disociación entre los dos cerebros se puede producir sin que medien lesiones orgánicas, sino, digamos, de forma funcional debido a circunstancias extremas, nos aporta la comparación entre los hundimientos de dos cruceros transatlánticos,  muy conocido uno: el del Titanic, en 1912, y menos el otro, el del Lusitania, en 1915. Respecto al Titanic se nos explica que, pese a la desesperación y caos reinantes (murieron 1.517 personas), el salvamento se realizó con "cierta racionalidad y respeto a las normas sociales y a las autoridades del buque": primero se rescataron los niños, las mujeres, los ancianos y los enfermos y, por último, los jóvenes y los adultos sanos. Y lo más inimaginable hoy en día: ¡respetando la prelación de las clases sociales!

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El Lusitania, en plena Gran Guerra, fue torpedeado por un submarino alemán y, entre sus 1.198 víctimas, estaba el músico español Enrique Granados. Pero en este caso, el "sálvese quien pueda" fue la norma y solo salvaron su vida los más fuertes o afortunados. ¿Por qué ocurrieron las cosas de forma tan diferente en dos naufragios de buques muy parecidos técnicamente y con un porcentaje de supervivientes y muertos semejante?

Morgado cita los resultados de una investigación (de la que, sin embargo, no da la fuente) de científicos suizos y australianos que demuestra que el factor diferencial no fue ni la guerra ni el nivel cultural de los viajeros, sino el tiempo que duró el hundimiento:: 2 horas y 45 minutos en el caso del Titanic y solo 18 minutos en el naufragio del Lusitania. La premura con que sucedió todo hizo que entre los pasajeros de este transatlántico, la razón (en esta ocasión, el sentido común, la ayuda mutua, el respeto de las normas sociales) no tuviera tiempo para tomar el control sobre las emociones (el miedo, el instinto de supervivencia), lo que sí ocurrió en luego, el demorado irse a pique del Titanic.

A mí me ha llamado poderosamente la atención este planteamiento, que no se me habría ocurrido nunca. Desde luego, sí el hecho de que las emociones nos embargan en muchas más situaciones de las que somos conscientes. Ocurre, por ejemplo, y además de forma muy general, entre los inversores de Bolsa. De hecho, parece que es lo más común: dejarse llevar por el miedo o el pánico, la codicia, o cosas tan peregrinas como el encariñarse con un valor, aunque los datos objetivos adviertan de que se está hundiendo como el Titanic. Por supuesto, el lector es consciente de que eso también ocurre con los números de las loterías o los resultados de las quinielas; con cualquier apuesta, sea dineraria o de relaciones personales y políticas.

No hay que olvidar que los lóbulos frontales de nuestro cerebro, el cerebro "nuevo" es relativamente reciente en la evolución humana y los procesos racionales que tienen ahí su sede, solo a duras penas embridan y controlan nuestros instintos y sentimientos, que son siempre infinitamente más rápidos y automáticos. Quizá esta sea la razón última de que los procesos civilizatorios (la paz, la justicia o la equidad...) sean tan desesperadamente lentos. Eso explicaría la sensación muy común de que siempre estamos hundiéndonos y de que las advertencias de la razón siempre llegan al límite del tiempo o, definitivamente, tarde.

  
Uno sigue esperando la vuelta al tiempo impreciso de la luz y los dictados del cuerpo
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Entre tantas paparruchas, mentiras y olvidos malintencionados como los que se oyen en la España oficial estos días, a cuenta del traslado vergonzante (en helicóptero, como en una película de James Bond, sin cámaras y sin fiesta colectiva alguna) de los restos del dictador genocida Francisco Franco, desde el paraje, hoy "turístico", de Cuelgamuros (su nombre real era "Cuelgamoros") al cementerio público de El Pardo, me he enterado de cosas que no sabía y que justifican mi rechazo de la arquitectura.
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  last edited: Thu, 24 Oct 2019 12:56:37 +0200  
La agitación sin sentido de la colmena
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Escrito en 2015 a raíz de la lectura de un ensayo de John Gray, La comisión para la inmortalización, sobre el espiritismo en la generación de intelectuales y científicos victorianos a que también perteneció Darwin. Otro día volveré sobre la investigación científica tan particular de la que se habla en este libro.
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Las preguntas sobre en qué consiste una vida digna para los seres humanos son siempre insidiosas y están enmarañadas con los prejuicios ideológicos, filosóficos o religiosos de quien las hace o de quien las responde. Eso propicia que, por ejemplo, la lucha por la vida, por la subsistencia mediante el trabajo, su búsqueda, el miedo a su pérdida nos distrae, a veces de forma definitiva, de eso que podemos llamar, para entendernos, tener una vida digna, una vida buena.
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Microcosmos / macrocosmos
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La falsa ilusión libertarista de que el dinero virtual es distinto al dinero clásico hace caer a muchos en la vieja trampa: tanto tienes, tanto vales...
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Cuando decimos de algo que tiene «un precio incalculable», en realidad, queremos decir que tiene un precio elevado -muy elevado, si se quiere- pero que aún no ha entrado en ningún intercambio, que aún nadie lo ha comprado y que, por tanto, la «autoridad» del mercado no ha estipulado aún su precio monetario. Sin embargo, …
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Traduzco esta interesante entrada del blog de Vingtras, en Mediapart en la que, a raíz de su investigación sobre la correspondencia privads entre miembros de la Comuna de París, el autor descubre la importancia de la fotografía en la naciente conciencia de las clases trabajadoras, pues el viejo privilegio de ser protagonistas y propietarios de las imágenes artísticas se democratiza con el nuevo invento...
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La nebulosa del alma...
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Contemporaries have turned eroticism into something mechanical and sporting
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I learned that love was out of my control
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I read that in many cities in Sudan, including the capital, Khartoum, demonstrations and tough clashes with the police are taking place because of a rise in the price of bread decided by the government...
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El verbo leer viene del "legein" griego y el "legere" latino, cuyos significados oscilaban entre reunir, recoger y cosechar. ¿Cosechar, qué? Libros, historias, palabras dibujadas (letras, grafías: grafos, rayones sobre una piedra, sobre la arcilla cocida, sobre el papel...). Yo leo así de siempre, cosechando libros distintos, opuestos, complementarios, de un solo golpe de hoz o guadaña, al mismo tiempo, en paralelo más que en el desfile sucesivo...
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A memory sweet and silly
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A propósito de las estaciones de autobuses...
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¿Robots y nuevos luditas? Primeras rebeliones luditas en España
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