last edited: Sun, 19 May 2019 08:54:16 +0200  
(Leyendo Viaje al Congo,  de André Gide)

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La mirada de André Gide sobre África en Viaje al Congo es una mirada colonial y turística, nada que ver con la crítica desencantada de su viaje a la URSS (una de sus caídas del caballo, según Constantinto Bértolo). Los negros nunca son individualizados ni tienen un nombre propio: son negros o indígenas y sólo se nos habla del brillo de su piel o de la fuerza de su cuerpo,
Cada vez que el barco atraca, cuatro negros enormes, dos delante y dos detrás saltan al agua y van hasta la orilla para fijar las amrras...
Tres negros soberbios llegan a nado a la orilla...
A las diez nos detenemos frente a Betu. Los indígenas, de raza mojembo, están más sanos, son más robustos y más bellos, parecen más francos y más libres...

Es inútil seguir citando: siempre nos quedamos ahí, en la superficie de su piel, no hay nada más allá ni más adentro. Por el contrario, las mariposas, los árboles y las flores, se describen en detalle.
El 11 [de septiembre], visita al jardín experimental de Eala, el auténtico objetivo de este rodeo por el Congo Belga. El señor Gossens, el director de este jardín, nos presenta, con gran alegría por nuestra parte a sus alumnos más interesantes: cacaos, cafetos, árboles del pan, árboles de la leche, árboles bujía, árboles taparrabo y este extraño banano de Madagascar, el "árbol del viajero", de cuyas anchas hojas brota, en la base de su peciolo cortado de un navajazo, un vaso de agua pura para el viajero cansado...

El resto son sus quejas occidentales sobre insectos e incomodidades que el buen burgués siente especialmente
En Coquillatville nos devoraron los mosquitos. Por la noche, nos asfixiábamos de calor bajo las mosquiteras, empapados de sudor. Unas enormes cucarachas se dejaban caer sobre nuestros objetos de aseo...

Hay incluso sus discretas alabanzas, trufadas de consejos reformistas, a la administración colonial francesa. ¿Y qué lee nuestro autor en la bochornosa noche africana?
He releído la oración fúnebre de María Teresa de Austria. Hay unos pasajes admirables. Me parece que la prefiero a la de las dos Enriquetas...

No hay nada que nos recuerde en este libro a El corazón de las tinieblas de Conrad.  No parece, sin embargo, que Gide intente ocultar nada (si acaso, el encargo recibido por la Administración colonial, entes de partir  -pues ya es un escritor famoso con más de 40 años-, de recabar información sobre los problemas o deficiencias que encontrara en el viaje), sino que el velo del racismo inconsciente del europeo lo que le impide reconocer al otro, que ve siempre como un cuerpo opaco e intercambiable. Lo que ocurre es que sus ojos europeos miran, pero no ven....

  last edited: Thu, 04 Apr 2019 11:38:19 +0200  
La homogeneización de las edades y la estandarización a que ha sido sometido intensivamente nuestro mundo ha arrasado también los ritos iniciáticos, particularmente los viajes, que marcaron durante siglos el abandono de la infancia y el ingreso público en la edad adulta. Esa estandarización tiene causas bien conocidas que se pueden resumir en el afán de constituir una sociedad de consumidores lo más extensa y longeva posible: desde los niños falsos adultos hasta los adultos indefinidamente infantilizados.

Aunque sobreviven remedos de aquellos ritos de iniciación, lo hacen en la forma trivializada y floja propias de estos tiempos bobos. Me refiero a cosas como las fiestas de graduación, viajes de fin de carrera o las estancias internacionales proporcionadas por las becas Erasmus u otras parecidas. Antiguos rituales de la burguesía, como el servicio militar obligatorio para los hombres (cualquier día vuelve) o las fiestas de puesta de largo (no sé si aún se celebran entre las clases ociosas) para las mujeres no son ya sino vagos recuerdos o reproducciones intrascendentes, como las turistificadas peregrinaciones actuales del Camino de Santiago o las múltiples romerías de las primaveras, tan usuales y masivas en países de tradición católica.

Los viajes iniciáticos llevaban implícitas pruebas y dificultades cuya superación suponía un proceso de autoformación con un alto valor pedagógico y su destino eran lugares paradisíacos o espacios alejados, peligrosos y desérticos. Como los viajes de exploración o las colonizaciones ya acabaron, sus sustitutos contemporáneos, las masificadas rutas turísticas, también han perdido ese valor “educativo”, de transición al mundo de los mayores, de adquisición de un sentido. La excepción, forzada por circunstancias terribles, son las huidas y migraciones motivadas por la necesidad o las guerras. Pero ese es otro cuento.

  last edited: Thu, 04 Apr 2019 11:37:40 +0200  
Este cuento, que ahora comienza, es el de viajes no deseados, sino que fueron provocados por accidentes o catástrofes. Las pruebas a que se vieron sometidos sus protagonistas tuvieron lugar en espacios aislados y, en ese sentido, los podríamos considerar “viajes estáticos” de los que tenemos constancias escritas. Me interesan especialmente dos: los casos de los niños salvajes y la ficción literaria, de larga trascendencia y vocación “pedagógica”, de Robinson Crusoe, cuyo protagonista , frente a los anteriores y en contraste con lo que venimos diciendo, es, sin embargo, un adulto. Una obra que, sintomáticamente, es la primera que J. J. Rousseau hace leer al Emilio en su programa de autoeducación por la lectura.

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Hay muchos casos documentados de niños abandonados en lugares ariscos, en plena naturaleza, como se dice, que lograron sobrevivir por sus propios medios y, seguramente, con la ayuda de algunos animales y del azar. De forma muy significativa, se concentran entre el siglo XVIII y comienzos del XIX, la época de la Ilustración y la Revolución Francesa. Debemos suponer, pues, una carga ideológica (la renovada fe en la humanidad y los postulados de Rousseau sobre la educación) de la que nos da idea el hecho de que el viejo centro para sordomudos de París alcanzó la categoría de Instituto Nacional en tiempos revolucionarios.

De todos ellos, los más conocidos -seguramente por su adaptación al cine- son los de Victor de l’ Aveyron y el de Gaspar Hauser. Este último posee un interés “narrativo” por los misterios que aún hoy rodean su nacimiento (se especula incluso con que fuera un hijo ilegítimo de Napoleón Bonaparte) y su muerte, posiblemente asesinado, tanto como la “sombra” que lo seguía y espiaba tras su reintegración a la sociedad. En palabras del Wikipedista:

Kaspar Hauser fue un adolescente alemán famoso en Europa por el misterio en torno a su origen y a su muerte. Su carácter era el de un niño salvaje, por lo que se sabe que creció en cautiverio en completo aislamiento. Desde su aparición se especuló sobre su posible pertenencia a una casa real, en particular a la familia gobernante en Baden.


Apareció el 26 de mayo de 1828, en la ciudad de Núremberg (Baviera, Alemania) con 16 años, aspecto descuidado y una carta que llevaba consigo, dirigida a un militar y gracias a la cual conocemos su nombre y fecha de nacimiento. Su estado mental y su falta de lenguaje motivó la curiosidad de juristas, teólogos y pedagogos que le enseñaron a hablar, leer y escribir con cierto éxito. Un éxito que no obtuvo, salvo en la adaptación a las costumbres urbanas y a un grado inicial de socialización, Jean Itard, el mentor ilustrado de Victor de l’Aveyron, el niño encontrado por unos cazadores en los bosques de La Caune, en el Languedoc francés, cerca de los Pirineos.

Jean Itard documentó con detalle y método “científico” el proceso educativo que siguió con el niño, una vez obtenida la custodia que, a tal fin, le concedió el gobierno revolucionario francés. Gracias a su Informe, conocemos el estado en que se le encontró, y los éxitos y fracasos de su reintegración en la sociedad humana. No sabremos nunca, sin embargo (Victor no llegó a hablar) cómo fue su vida en los bosques ni cómo logró sobrevivir sin compañía ni ayuda humana. Tampoco se conocen bien sus últimos años en una residencia para huérfanos, donde fue abandonado tras la euforia inicial y la curiosidad social que despertó la apuesta “pedagógica” de Jean Itard. La causa de su muerte fue, posiblemente, el suicidio.

De modo que las durísimas pruebas que superó en su forzado viaje de iniciación a la vida adulta en los bosques, no le sirvieron de nada en su ingreso en la sociedad “civilizada”, en plena euforia de la Ilustración. De la mano de su mentor y maestro tuvo que someterse de nuevo a rituales sin fin en otro proceso torturante de aprendizaje: desde acostumbrarse a andar con zapatos a seguir las tediosas lecciones sobre el francés escrito (uno de los grandes errores de Jean Itard, pues no es posible aprender a hablar a partir de la escritura, según señalaba Rafael Sánchez Ferlosio en sus prolijas anotaciones a la versión en español del Informe que él mismo realizó), cuando lo más probable es que la lengua materna del niño fuera la langue d’ oc y no el francés. O los durísimos ensayos de su maestro para que adquiriera “sensibilidad” en la piel: meterlo y sacarlo sucesivamente de baños de agua helada e hirviente. O la estéril y cruel ocurrencia, sobre la que he escrito en otras ocasiones, de pretender inculcarle la idea de la injusticia / justicia encerrándolo sin venir a cuenta en un “cuarto oscuro”, que había dispuesto para los castigos…

De modo que este doble viaje iniciático del niño abandonado, lejos de ser la demostración de la utopía educativa rousoniana, que es como fue recibida en la optimista Francia revolucionaria, se mostró a la postre como la más triste y desesperanzadora distopía…

  last edited: Thu, 04 Apr 2019 11:36:50 +0200  
El tercer tipo de viaje de iniciación o puesta a prueba queda representado paradigmáticamente por los “robinsones” y sus “robinsonadas”, como llama Pierre Furter1 a la saga y sus aventuras. Este mismo sociólogo centra la idea fundamental de esta tercera entrega, contrastando la supervivencia de Robinsón con la de los niños “salvajes” a partir de la presencia o ausencia de una cultura heredada en uno y en otros:

En las “Robinsonadas”, incluso si la isla es a veces inhóspita, todo el relato gira en torno a la capacidad del héroe para defenderse de esta naturaleza, para dominarla y terminar por ponerla al servicio de su autoformación. Para los “niños salvajes”, la naturaleza es, ciertamente, un lugar en el que pueden protegerse, en general, matorrales, bosques o tierras baldías. Si se adaptan para sobrevivir allí, guardan un comportamiento ambiguo en este sentido. La naturaleza les atrae y les hace sentir miedo (…) Esta incertidumbre se acentúa por el hecho de que no pueden referirse ni apoyarse en una cultura que no han heredado, o en muy pequeña medida.; mientras que los “robindones”, por muy toscos que sean sus héroes, ya habían sido culturizados antes de comenzar su periodo de pruebas. De manera que la cuestión se desplaza, con los “niños salvajes”, a la relación entre naturaleza y cultura.


Para concluir más adelante:

Estos dos mitos conducen a dos perspectivas muy divergentes: Las “robinsonadas” intentarían evocar en nosotros, y, si es posible, convencernos de ello, la idea de que, incluso solo y desamparado, el ser humano es capaz no solamente de sobrevivir, sino de recrear la civilización. Es un mito tranquilizador pese a sus peripecias dramáticas, y comprendemos que se haya propuesto a los niños como una lectura beneficiosa. Sin embargo, el caso de los “niños salvajes” es inquietante. Por un lado, mantiene la duda en cuanto a la verdadera naturaleza del niño: ¿pequeño hombre o pequeño animal? Por otra parte, sugiere que la autonomía humana, al menos durante la infancia, es más que frágil. La inmadurez es vivida como una carencia; puede convertirse en un estigma. Es esto lo que justifica la instrucción, la reeducación o incluso la colonización de la infancia.

De modo que Robinson Crusoe sobrevive y prospera en su isla gracias al bagaje cultural previamente adquirido. Pero esta misma capacidad “reproductiva” que le permite recrear la civilización perdida tras el naufragio, ha generado no solo lecturas optimistas, sino también lecturas e interpretaciones críticas. En este sentido son ejemplares las distintas maneras de abordar esta historia de Engels y de Marx. Engels, quizá más lúcido en este punto, cita a Robinson en varias ocasiones en su Anti-Dühring, un libro de lectura provechosa donde articula la tesis de que los actos políticos son actos de fuerza, del mismo modo que lo es la propiedad privada. El “pecado original” de Robinson está en la esclavización de Viernes, respecto a la cual el trabajo asalariado no es más que una evolución histórica.

Pues todo el asunto ya ha sido probado a través del famoso pecado original, cuando Robinson Crusoe hizo de Viernes su esclavo. Fue un acto de fuerza, y por lo tanto un acto político. Y en la medida en que esta esclavitud fue el punto de partida y el hecho fundamental de toda la historia pasada y la inoculó con el pecado original de la injusticia, hasta el punto de que en los períodos posteriores sólo se suavizó y “se transformó en las formas más indirectas de dependencia económica” {D. C. 19}; y en la medida en que “los bienes fundados sobre la fuerza” {D. Ph. 242}, que se ha afirmado hasta el día de hoy, también se basa en este acto original de esclavitud, es evidente que todos los fenómenos económicos deben ser explicados por causas políticas, es decir, por la fuerza. (…)

Pero para conseguirlo, Crusoe necesita algo más además de su espada. No todo el mundo puede hacer uso de un esclavo. Para poder hacer uso de un esclavo, uno debe poseer dos tipos de cosas: primero, los instrumentos y el material para el trabajo de su esclavo; y segundo, los medios de subsistencia para él.


Todo un homenaje a las teorías sobre el plusvalor de Marx. Este, por su parte, más interesado en la teoría del trabajo como productor de valor, se detiene en la laboriosidad de Robinson Crusoe en su El Capital:

Como las experiencias de Robinson Crusoe son uno de los temas favoritos de los economistas políticos, echémosle un vistazo en su isla. Por moderado que sea, sin embargo, tiene necesidades que satisfacer, por lo que debe hacer un trabajo útil de varios tipos, como fabricar herramientas y muebles, domar cabras, pescar y cazar. No tenemos en cuenta sus oraciones y cosas por el estilo, ya que son una fuente de placer para él, y él las considera como una gran recreación. A pesar de la variedad de su trabajo, sabe que su trabajo, cualquiera que sea su forma, no es más que la actividad de Robinson mismo, y por consiguiente, que no consiste más que en diferentes modos de trabajo humano La propia necesidad le obliga a repartir su tiempo con precisión entre sus diferentes tipos de trabajo. El hecho de que un tipo ocupe un espacio mayor en su actividad general que otro depende de las dificultades, mayores o menores según el caso, que haya que superar para lograr el efecto útil al que se aspira. Esto lo aprende pronto nuestro amigo Robinson por experiencia, y habiendo rescatado un reloj, un libro de contabilidad, un bolígrafo y tinta del naufragio, comienza, como un verdadero británico, a llevar un juego de libros. Su inventario contiene una lista de los objetos de utilidad que le pertenecen, de las operaciones necesarias para su producción y, por último, del tiempo de trabajo que le han costado, en promedio, determinadas cantidades de esos objetos. Todas las relaciones entre Robinson y los objetos que forman esta riqueza de su propia creación, son aquí tan simples y claras que son inteligibles sin esfuerzo (…) Y sin embargo, esas relaciones contienen todo lo que es esencial para la determinación del valor.

Marx también se refiere a Crusoe en los manuscritos conocidos como Grundrisse; allí ve en Robinson Crusoe no “una reacción contra el exceso de sofisticación y el retorno a una vida de naturaleza mal entendida” sino “la anticipación de la’sociedad civil'”.

Es, más bien, la anticipación de la “sociedad civil”, en preparación desde el siglo XVI y dando pasos de gigante hacia la madurez en el XVIII. En esta sociedad de libre competencia, el individuo aparece separado de los vínculos naturales, etc., que en períodos históricos anteriores lo hacen cómplice de un conglomerado humano definido y limitado. Smith y Ricardo siguen con los dos pies sobre los hombros de los profetas del siglo XVIII, en cuya imaginación este individuo del siglo XVIII -producto, por un lado, de la disolución de las formas feudales de la sociedad y, por otro, de las nuevas fuerzas productivas desarrolladas desde el siglo XVI- aparece como un ideal, cuya existencia proyectan en el pasado. No como resultado histórico, sino como punto de partida de la historia. Como el Individuo Natural apropiado en su noción de naturaleza humana, que no surge históricamente, sino que es planteada por la naturaleza. Esta ilusión ha sido común a cada nueva época hasta el día de hoy.

Las interpretaciones y abordajes de esta polisémica historia no se limitan, por supuesto, a la estancia de Crusoe en la isla, ni a su inquebrantable designio de supervivencia, autoformación, esclavitud, trabajo y enriquecimiento (en lo que supera al padre). Es también la parábola puritana que permite leer el libro como una autobiografía espiritual y religiosa en que la Providencia juega un papel central. Pero bástenos con lo dicho hasta ahora, que espero que haya resultado de algún provecho al lector de este blog.

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* Mondes rëvés, Paris, 1995 ↩

  last edited: Thu, 04 Apr 2019 11:35:59 +0200  
Utopías y mitos comparten el intento de conquistar una parcela de futuro, pero difieren en todo lo demás. La utopía arranca de una ensoñación, no necesariamente narrativa, de un mundo distinto en un futuro poblado desde el ahora, mientras que el mito, mediante un relato, quiere convertir ese futuro en la prolongación de un presente intemporal, pues la alegoría de su narración performativa pretende dejarlo implantado para siempre, en una especie de repetición y fuga musicales.

Con la educación creo que sufrimos ese equívoco. Ahí donde parece que la utopía es más necesaria y factible, me parece que lo que tenemos son mitos. Particularmente el de Prometeo, un Prometeo, idealizado por el Romanticismo, que roba el saber de los dioses para repartirlo entre los hombres. Una idealización que se contradice con la realidad: que el sistema educativo, público o privado, está ligado de forma irresoluble a los intereses generacionales de los estados y sus corporaciones.

El soñar despierto, y el deseo en que nace, de una utopía educativa requeriría tantas rupturas epistemológicas y políticas que es impensable su comparecencia en el status quo de las democracias del capital. El niño autosuficiente de María Montesori, la escuela moderna de Ferrer i Guardia o las mismas poderosas propuestas de Paulo  Freire -que al menos desconfiaba de ellas- no aparecen en nuestras pesadillas tecnoráticas sino como el mito de un Prometeo desvalido y devaluado, el Titán ladronzuelo e impopular que era percibido por el mundo antiguo.

  
Perón hizo popular un eslogan en su "década prodigiosa", entendible como una fórmula condensada de paz social que pretendía con el apoyo del sindicato único que lo apoyaba y en el que se apoyó: "De casa al trabajo y del trabajo a casa"
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  last edited: Thu, 21 Feb 2019 19:58:16 +0200  
En las pequeñas ciudades andaluzas hay tres sonidos que, a distintas horas del día, se expanden por el aire e impregnan los sentidos...
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En La perla de Steinbeck, que estoy releyendo, un escorpión pica a Coyotito, el niño de la pareja protagonista, Juana y Kino, un pescador de perlas..
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  last edited: Tue, 05 Feb 2019 18:36:25 +0200  
Comparto, con esa "inmensa minoría" a la que me dirijo siempre, la versión en español de  un interesante (ponga el lector amigo el adjetivo "interesante" entre comillas) artículo publicado en Mediapart, el 6 enero de 2019 , concretamente, en el blog  Les invités de Mediapart , con el título Paradoxal silence autour de la découverte d'une lettre de Rimbaud. El autor del artículo es suficientemente claro en todo lo que respecta al descubrimiento de la carta, su tratamiento informativo en los medios franceses y el interés intrínseco de su contenido, que nos revela a un Rimbaud muy distinto al del tópico recibido, que lo encasilla perezosamente como "poeta maldito" . Mi papel, por tanto, queda reducido al de simple intermediario.
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  last edited: Tue, 05 Feb 2019 13:17:31 +0200  
I read that in many cities in Sudan, including the capital, Khartoum, demonstrations and tough clashes with the police are taking place because of a rise in the price of bread decided by the government...  
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  last edited: Tue, 05 Feb 2019 13:16:13 +0200  
El verbo leer viene del "legein" griego y el "legere" latino, cuyos significados oscilaban entre reunir, recoger y cosechar. ¿Cosechar, qué? Libros, historias, palabras dibujadas (letras, grafías: grafos, rayones sobre una piedra, sobre la arcilla cocida, sobre el papel...). Yo leo así de siempre, cosechando libros distintos, opuestos, complementarios, de un solo golpe de hoz o guadaña, al mismo tiempo, en paralelo más que en el desfile sucesivo...
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  last edited: Tue, 05 Feb 2019 13:15:15 +0200  
Esta mañana me encontré con un antiguo -muy antiguo :-) - alumno que, al preguntarle yo por su vida actual, me contó que vivía con su abuela
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  last edited: Tue, 05 Feb 2019 13:14:41 +0200  
A memory sweet and silly
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  last edited: Tue, 05 Feb 2019 13:13:06 +0200  
I am fascinated by the English verb "to play"
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  last edited: Tue, 05 Feb 2019 13:11:39 +0200  
La vista es el sentido humano por antonomasia: por decirlo en francés, con una palabra muy asentada y conocida, somos "voyeurs"
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  last edited: Tue, 05 Feb 2019 13:10:09 +0200  
Meditación sobre las leyendas y la Historia
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  last edited: Tue, 05 Feb 2019 13:08:58 +0200  
La idealización de la "vida salvaje" nos lleva a muchos equívocos
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  last edited: Tue, 05 Feb 2019 13:07:52 +0200  
La palabra Estado tiene algo de teológico. Soberanía es una palabra teológica. La idea de una totalidad que incluye y representa a todos los ciudadanos (que vela por ellos al tiempo que los somete) es teológica.
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  last edited: Tue, 05 Feb 2019 13:05:44 +0200  
Las fronteras, los límites, las lindes, hay que imaginarlas como surgiendo de un mundo en el que aún no hacían falta muros ni ejércitos para vigilarlas, defenderlas o romperlas con un coste de vidas humanas
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  last edited: Thu, 24 Jan 2019 10:21:48 +0200  
A vueltas con el español radiactivo. A propósito de los que quedan solos en Hombres de maíz, de Miguel Ángel Asturias
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